THRILLERS VICTORIANOS. ANÁLISIS DE LAS SERIES “CARNIVAL ROW” Y “ALIENISTA”

THRILLERS VICTORIANOS. ANÁLISIS DE LAS SERIES “CARNIVAL ROW” Y “ALIENISTA”

Ahondamos en dos series thrillers en la época victoriana. Muy diversas entre sí aunque con un denominador común: una serie de terribles crímenes por resolver. El alienista es una serie realista, ambientada en Nueva York en 1986. Fue rodada en Budapest. Sin duda, una elección soberbia. Está disponible en Netflilx. Carnival Row es una serie fantástica, ambientada en la ciudad ficticia Burgo. Por la ambientación, enseguida nos damos cuenta de que emula la sociedad victoriana. Está disponible en Amazon Prime.

Ambas son series interesantes, de excepcional calidad fotográfica y dirección de arte excepcionales. Su temática es similar: trata de asesinos en serie enmarcados en sociedades socialmente discriminatorias. Sin embargo, por una u otra cuestión, ninguna alcanza un nivel excepcional. ¿Por qué? Analizamos cada uno de estos thrillers en la época victoriana.

THRILLERS EN LA ÉPOCA VICTORIANA. EL ALIENISTA

Basada en la novela de Caleb Carr de 1994, El alienista es una producción de Netflix que se desarrolla más allá de su primera temporada con una segunda bajo el título Angel of Darkness. Con un casting brillante, sus personajes, así como las relaciones que se van gestando entre ellos, es uno de los elementos más atractivos. Los protagonistas son un extraño pero eficiente grupo de investigadores que conectan entre sí debido casi al azar.

Por un lado, nos encontramos con el doctor Kreizler, interpretado por Daniel Brühl. Por otro, la agente policial Sarah Howard (Dakota Faning). Y, por último, el ilustrador John Moore (Luke Evans). Los tres, junto con algunos personajes secundarios que se sumarán a su equipo lidiarán con la principal fuerza antagonista de la historia: un peligroso asesino en serie de niños pobres que son “pescados” trabajando como prostitutos vestidos de niña en prostíbulos de mala muerte de Manhattan.

Otro punto es, sin duda, la fantástica ambientación que hacen del Nueva York coetáneo a la sociedad victoriana inglesa. Como decía, el rodaje ha tenido lugar en la bella capital de Europa del este, Budapest. Y el resultado ha sido soberbio. El diseño de producción destaca y el espectador pronto se percata de ello.

Sobre el guion, afirma el propio Caleb Carr que la adaptación cinematográfica de su obra es excelente. Un libreto correcto que, a mi criterio, cuenta con una resolución del caso algo desestructurada y algo desacompasada por su aceleración final.

¿Quién es el alienista?

El doctor Kreizler trabaja con pacientes mentales (a quienes denomina alienados). Podría decirse que Kreizler es un incipiente precursor de la psicología criminal. Además es curioso y estudioso de la mente humana desde una perspectiva incómoda y poco observada hasta ahora. De acomodada vida (cuenta con la ayuda de varios asistentes en su casa), se enfrenta a un peligroso y difícil caso.

Cuando el cadáver de un joven adolescente aparece cruelmente eviscerado, el doctor es requerido para colaborar con la policía. A Kreizler le interesan los impulsos reprimidos y la violencia aprendida de cuando se es niño (y se sufre por parte de lo progenitores). Pero necesita ayuda. Por ello, acude a su amigo, John, que comienza a involucrarse en el caso ilustrando las escenas de los sucesivos crímenes para la prensa. Por último, un obsoleto y bastante ineficiente departamento de policía pone a disposición de Kreizler a la joven y brillante Sarah, primera mujer contratada en el departamento.

 

El asesino serial de El alienista

Despiadado. Metódico. Peligroso. Tras las primeras investigaciones de las víctimas que aparecen de forma secuencial, el equipo liderado por Kreizler se da cuenta de que la policía está en clara desventaja. Pero no únicamente por la ausencia de moral del cruento asesino. Los chicos que van siendo asesinados pertenecen a una clase social baja. Y esto se traduce en revuelo en el barrio de Manhattan pero hasta cierto punto. Solo los verdaderamente pobres que, además, ejercen la prostitución están en peligro. Esta evidencia de escalafón social marginal muestra una sociedad segregada y elitista. Si fueran hijos de burgueses los que estuvieran siendo asesinados sería otro cantar.

Por suerte, Kraizler, Sarah y John se comprometen indiscutiblemente con el caso y realizan una investigación casi paralela a la oficial policial. Sus intereses humanos van más allá de la mera profesionalidad o tareas encomendadas en aras de un rescate en toda regla de niños sin ningún futuro pero con derecho a vivir por encima de todo. Los chicos tienen miedo. Y esto se acumula a la propia dureza de las vivencias tan oscuras y pervertidas que, día tras día, protagonizan. Vestidos con corsés y pelucas de larga melena, colorete y pintalabios carmesí, estos pobres con cuerpo de niños y espíritu de adulto merecen no morir. El objetivo de la investigación alcanza así un plus: pillar al culpable para que pague por los crímenes cometidos amén de evitar que los siga ejecutando.

Sin hacer spoiler, finalmente es capturado. Tal y como el doctor Kreizler vaticinó, los traumas de un pasado infantil oscuro le habían hecho convertirse en un despiadado adulto. Al final, los impulsos más primarios toman el control. 

Más thrillers en la época victoriana. Hablamos de Carnival Row

Esta arriesgada y original apuesta de Amazon Prime es, además, ambiciosa. La vasta mezcla de temas que aborda Carnival Row hace que el espectador se despiste de primeras y hasta el final. Mantener el foco de la trama y subtramas tan diversas que amplían el zoom dificulta tanto la profundización que la crítica social a la que alude merece, como el despliegue de recursos que el propio género de fantasía tan bien hilvanado requiere. ¿El resultado? Una ligera dispersión y despiste de quien se sienta en la butaca. ¿Por qué? Porque las tramas parecen ir confluyendo tras un arranque en paralelo pero no termina de encajar. Más bien alguna subtrama sirve como pretexto para contextualizar el momento presente, que deja un amargo sabor de boca por su efecto “pegamento”.

Sin embargo, esto no es un impedimento para disfrutar la serie. La aparición de criaturas fantásticas en un mundo burgués en el que acontecen misteriosos asesinatos en serie es un planteamiento que, de primeras, sencillamente embriaga. Carnival Row arranda de forma dramática. Con un trasfondo político, social y criminal edulcorado bajo el género fantástico, vemos una sensacional Praga reconvertida digitalmente en Burgo, la ciudad donde se desarrolla nuestra historia. Sin duda, una ambiciosa apuesta que ya ha firmado su segunda temporada. 

El trasfondo de Carnival Row

La mezcla de seres mitológicos con un asesino en serie es, cuanto menos, atrayente. Hadas y faunos conviven en Burgo con el resto de una sociedad al más puro estilo victoriano. Clasismo, racismo e hipocresía a raudales. Por supuesto, los seres mitológicos (los diferentes al resto) son los de menor escalafón social. Los que sirven. Quienes aguantan. Los que se callan. El resultado de una abusadora conducta colonial a pesar de su aparente generosidad. Y es que una cruda guerra que tuvo lugar hace años fue el motivo de que las criaturas fantásticas se vieran perseguidas. Por suerte, fueron acogidas en el Burgo. Pero, como se podrían ya esperar, sin contar con ningún favoritismo y empezando desde cero. Esta es la máxima expresión metafórica de la xenofobia actual. Acogida y marginación. 

La idea en su origen es maravillosa. Quizá se queda corta en el desarrollo de las tramas en tan solo ocho capítulos de su primera temporada. Mucho me temo que la segunda temporada, lejos de cerrar el zoom, ampliará las subtramas, complicando aún más la vida al espectador. La amplitud del trasfondo de Carnival Row nos deja con muchas incógnitas. No así su misterio, que se resuelve de forma correcta.

¡Vamos allá! El agente policial Rycroft “Philo” Philostrate (Orlando Bloom) se encuentra al mando de la investigación de un caso que trae a la policía de Burgo un grave problema. Se trata de la aparición de un asesino en serie que acaba de forma violenta con la vida de las prostitutas de Burgo (hadas). El clan de estas criaturas está liderado por Vignette Stonemoss (Cara Delavigne). Los personajes secundarios complementan muy bien el guion en sus diversos contextos (ricachones, faunos sirvientes y un entorno policial detestable). 

¿Por qué verla?

Es un regalo para las pupilas. Además, invita a una reflexión social nada desdeñable que bien podría extrapolarse a la vida moderna. A nuestro país. A nuestra ciudad. ¿Quién no conoce a un “hada o fauno de turno? 

Por Tery Logan

                                                                

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