ANÁLISIS DE LA SERIE DIRTY JOHN. EL CASO DE BETTY BRODERICK

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ANÁLISIS DE LA SERIE DIRTY JOHN. EL CASO DE BETTY BRODERICK

 

Hace unas semanas analizábamos la primera temporada de la serie Dirty John. Como sabéis, se trata de una serie sobre crímenes pasionales basados en hechos reales. El éxito que tuvo Dirty John (título oficial de la serie que lleva por nombre el del protagonista de la que es ahora la primera temporada) llevó a la plataforma a firmar una segunda temporada.

¡Houston, tenemos un problema! Dado que el nombre de la serie era el de una persona real en particular y cambiarlo significaría perder a los espectadores ya ganados, optaron por añadirle un subtítulo a la nueva temporada. Hablamos de la segunda temporada de Dirty John, el caso de Betty Broderick. También basado en hechos reales. ¡Un caso de lo más jugoso! 

Sobre Betty Broderick, la segunda temporada de Dirty John

El personaje de Betty Broderick es interpretado por Amanda Peet. El co-protagonista de esta segunda temporada de Dirty John es Christian Slater, que interpreta a Dan Broderick. Destacan, además de sus interpretaciones (sobre todo la de Peet), la ambientación de décadas atrás (nos remontamos a los años 70) y la BSO elegida para las escenas clave de la trama. 

¿Qué es lo que nos vamos a encontrar? La historia real de Betty Broderick, ex mujer de Dan Broderick. Ella asesinó con varios disparos a sangre fría a Dan y a quien era su mujer en aquel momento (Linda Kolkena) en el domicilio de estos. Betty y Dan habían compartido un largo matrimonio, además de ser padres de cuatro hijos que quedaron huérfanos de padre y, a efectos de madre, pues Betty a día de hoy sigue en prisión. Sobre los motivos que le llevaron a perpetrar el crimen así como la hipótesis de que sufriera algún trastorno mental, lo veremos ahora. 

¿Quiénes eran los Broderick? 

Elizabeth (Betty) y Dan se conocieron en la época de la universidad. Pronto el amor hizo de las suyas y se casaron muy jóvenes. Parecían el matrimonio perfecto pese a que pasaron alguna que otra dificultad al principio del matrimonio. Eran los años 70. El estereotipo de la familia tradicional estaba un arquetipo establecido, pero ellos se salieron del cauce para diseñar su propio camino fuera del tradicionalismo de que fuera el hombre el sustento familiar. Al menos por el momento.

Betty trabajaba cuanto podía mientras que Dan finalizaba sus estudios, ya que comenzó la carrera de Medicina para posteriormente culminar con la de Derecho. Betty trabajaba fuera y dentro de casa mientras los bebés iban llegando. Tras la llegada del primer embarazo fueron llegando, sucesivamente, cuatro más (uno de ellos finalizó en aborto). Dan era aplicado en los estudios y se estaba forjando un exitoso futuro como garante para toda la familia. Betty confiaba. Su esfuerzo ser vería recompensado.

Y razón no le faltaba. Poco después, Dan fue contratado por una firma de abogados de prestigio. Las condiciones de vida de la familia cambiaron diametralmente. Se mudaron a La Jolla, una comunidad costera de California con campos de golf, mansiones lujosas y preciosas playas. No les faltaba de nada. Ni cochazos, barcos ni cualquier lujo que pudieran imaginar. Era el momento de disfrutar lo sembrado. Pero lo que Betty no sabía es que el rol que tan bien se había ganado a pulso le sería arrebatado. También desconocía que su vida se volvería una pesadilla durante años y que perdería el control hasta tal punto de acabar con el hombre a quien tanto había amado. Incluso acabaría con la suya propia en vida al entrar en prisión. 

La historia en la segunda temporada de Dirty John: Betty Broderick

Betty ejerce como madre de familia con un estatus más que digno. Practica deporte. Se reúne habitualmente con amigas de su círculo social para comer en el club. Atiende con amor y devoción a sus hijos cada día mientras gestiona el hogar de los Broderick. Por otro lado, Dan trabaja de sol a sol. Ambicioso. Tenaz. No da pasos en balde. 

Cuando se cruza en su vida Linda Kolkena, todo cambia para Dan. Contratada inicialmente como recepcionista en el bufete de abogados donde Dan trabaja, pronto se convertirá en secretaria de este. Dan no ha podido sucumbir a los encantos de la joven y atractiva Linda. Y ella tampoco a los de él. Y el affair da comienzo. Betty pronto se dará cuenta de que Dan está distante. Mientras que Betty pregunta de forma abierta a su marido el motivo de su distanciamiento, Dan se cierra más y más en sí mismo con un fin. ¿Y cuál es? El de prepararse el terreno económicamente para que el divorcio con Betty sea lo más favorable para él. Para eso es uno de los mejores abogados de California, ¿no? Así que Dan comienza a desarrollar su estrategia. 

El fatídico final de los Broderick 

 

Betty cree ver fantasmas donde, efectivamente, los hay. Y comienza a sufrir un abuso psicológico sin fin por parte de Dan. Mentiras, humillaciones y traiciones que generan en Betty un choque para el que no está preparada. El primer golpe fuerte para Betty es cuando se dirigen a una de sus residencias durante las vacaciones navideñas. Dan no viaja con ellos. Cuando Betty y sus cuatro hijos llegan, ven la casa repleta de ratas y Betty envía de vuelta a sus hijos con Dan mientras ella arregla la situación. Para cuando regresa, Dan ya se ha hecho con la custodia de los niños a todos los efectos. La demanda de divorcio arranca. A Betty todo le pilla por sorpresa y no es capaz de reaccionar ni siquiera para buscarse un buen abogado. 

Dan, que tiene todo bien atado, alquila una casa en la playa de La Jolla para que Betty tenga donde vivir. Mientras tanto, le facilita una cuantía mensual para sus gastos. Pero Betty comienza a demostrar que carece de autocontrol y comienza a hacer de las suyas. Cuando sabe a ciencia cierta que Dan tiene una relación formal con Linda, Betty se vuelve inestable. Se cuela en la que era su casa familiar para pintar las paredes, romper las ropa de Dan y estrellar una tarta de crema en la cama de matrimonio donde ahora también duerme Lisa.

La rabia va in crescendo. Incluso estrella su coche contra su antigua casa. Betty comienza de dejar mensajes de voz obscenos y violentos en el contestador de Dan. Y este, audazmente, los utilizará a su favor en el juicio para demostrar que su mujer es incapaz de ejercer como madre a la vez que aprovecha para humillarla. 

Un trágico final marcado por la desesperación y un toque psicótico

Betty va evolucionando dramática y terroríficamente hacia un trastorno que podría clasificarse como histriónico y narcisista. Habla abiertamente de sus deseos más oscuros con sus amigas íntimas y no se siente culpable por los oscuros pensamientos que la acompañan cada vez con más fuerza. 

Tras la boda de Dan y de Linda, Betty no puede más. Pasan años en los que Betty llega incluso a estar ingresada en un centro psiquiátrico (en la serie este suceso no se narra). El proceso de divorcio se alarga y el trauma para Betty es insostenible. Su vida se ha echado a perder y ella no ve salida por ninguna parte. La rabia y la frustración la consumen hasta tal punto en que no puede rehacerse. Los nuevos Broderick se han convertido en su obsesión. 

Y es así como coge un arma que guarda en su casa, monta en su automóvil y se dirige al domicilio de los Broderick. Dispara varias veces al matrimonio mientras duermen. Linda muere al instante. Dan tarda unos minutos más. Y Betty, por fin, descansa. A sus cuarenta y dos años, Betty comienza la segunda parte de su periplo de venganza.

Tras someterse a varias pruebas de peritaje psiquiátrico, el jurado tenía serias dudas a la hora de culpar a Betty por la premeditación o no del asesinato. La propia Betty alegó defensa propia ante el abuso emocional por parte de su marido y, de hecho, contaba con varias mujeres que a nivel social le daban la razón. Finalmente, Betty fue sentenciada a cadena perpetua y, a día de hoy, sigue encarcelada. Aún sigue afirmando que ella no sufre ningún trastorno mental.

¿Y entonces qué?

Ella tacha sus acciones como reactivos a la manipulación de Dan, calificándolos de “arrebatos emocionales”. Sí, las personas también nos movemos por ira y venganza, pero el asesinato rebasa con creces los límites en esta segunda temporada de Dirty John. 

Por Tery Logan

                                                                                     

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