Realismo sucio: Fotogramas de lo cotidiano

realismo sucio literario

Realismo sucio: Fotogramas de lo cotidiano

Los orígenes del realismo sucio literario

El término del realismo sucio literario lo acuñó Bill Buford (editor de la revista literaria Granta) como truco publicitario. Pero la etiqueta de realismo sucio literario se afianzó y dio solidez, reconocimiento y fama a los autores de este movimiento literario. Sus inicios fueron en territorio estadounidense, allá por los años 70. Este estilo literario tan sumamente reducido a lo esencial, e incluso mezquino a veces, goza de casi tantos detractores como admiradores.

¿Qué es el realismo sucio literario?

El realismo sucio literario o cotidiano, también llamado ficción transgresora, pretende reducir la narración a sus elementos fundamentales tanto de lenguaje como estéticos. En literatura, se utilizó sobre todo en el género de relato breve. Su objetivo no era otro que reducir la redundancia y descripción romántica a lo básico y esencial, rozando el minimalismo.

Cabe señalar que el auge de este movimiento fue tal que alcanzó la literatura cuando consiguió su verdadero éxito en el arte y en la música. Fue así como los escritores del realismo sucio literario se decantaron por retratar la realidad como un fotograma de la sociedad en la que los autores vivieron, donde lo bello no era sinónimo de hermoso sino de la autenticidad que denotaba vivir. Hermoso, ¿no?

Es posible, en un poema o en un cuento, escribir sobre cosas y objetos comunes y corrientes usando un lenguaje común y corriente pero preciso, e impartirles a esas cosas -una silla, una cortina, un tenedor, una piedra, un arete de mujer- un poder inmenso, incluso perturbador”.

(Raymond Carver)

¿Qué autores destacan dentro del realismo sucio literario?

Son imprescindibles del Realismo Sucio: John Fante, Charles Bukowski, Raymond Carver, Richard Ford, Tobias Wolff y Chuck Palahniuk. Los actuales Bret Easton Ellis, Chuck Palahniuk y J.D. Salinger (en E.E.U.U.); Pedro Juan Gutiérrez, Fernando Vázquez Medina y Zoé Valdés (en Cuba); y Héctor Álvarez Sánchez, David de la Rosa, Karmelo C. Iribarren, Roger Wolfe, Juan M. Velázquez y Rafael F. Ruiz (en España).

Cada autor le da un enfoque personal al Realismo sucio literario. Algunos son más “sucios” que otros, pero todos coinciden en esa tendencia a la sobriedad, a la precisión y a la parquedad en las palabras a la hora de describir.  Para ello, se basan en un lenguaje sencillo desprovisto de adjetivos que evita el uso de figuras retóricas. ¿Qué más? Recurren a la frase corta con descripciones de manera soez, vulgar y objetiva del mundo que rodea al personaje para trasladar al lector a esas instantáneas de la vida cotidiana y común. ¡Y lo consiguen!

Ahondando en el realismo sucio literario. Aspectos técnicos

 

Los escenarios, los personajes y las situaciones son lo más insignificantes y habituales posibles. Se encuentran alejados del ideal del sueño americano aunque sin ahondar en reflexiones morales, quedando reducidos al mínimo. ¿Por qué? Porque los autores prefieren que sea el propio contexto el que da profundidad a su obra.

Hay picos en la trama, sí, pero los sucesos son vulgares y nada extraordinarios que, sin embargo, reflejan las tragedias sordas que se resuelven en cada rincón de cualquier realidad. La historia toca su final sin resolver muchas cuestiones como metáfora de que la vida sigue su curso imperturbable y que pase lo que pase, nunca pasa nada.

Esta falta de impacto de terrible desenlace exige la agudeza del lector para percibir cómo la mediocridad se destila a través de sus personajes: anti héroes, ausentes o perdidos en la sociedad, desesperados y rutinarios. El personaje puede aparentar ser “normal” pero debajo de esa máscara se esconde esa misantropía que poco a poco va floreciendo, donde se refugian temas como: sexo desenfrenado, alcohol, droga y caladas de marihuana, machismo y recurrente inclinación a tratar a las mujeres como meros objetos de placer y que desembocan en un evidente fracaso del estilo de vida americano.

Ejemplos literarios del realismo sucio

“Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida.

Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía”.

(De La Chica más guapa de la ciudad, por Charles Bukowski)

Sin duda, en la literatura como en la vida, es posible ser estiloso siendo sencillo, sorprender sin ser un gran innovador y brillar desde situaciones grises y oscuras.

 Por Tery Logan

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