Agatha Christie
Agatha Christie


Un entorno cerrado, un crimen que resolver y una atmósfera misteriosa. Un círculo limitado de sospechosos, la víctima y un culpable en la sombra. Así se estructura el subgénero policíaco Whodunit (contracciónde “Who has done it?”), con el que Agatha Christie se convirtió en una de las autoras más prolíficas y leídas del siglo XX. Pero además, el Whodunit (que significa “¿Quién lo ha hecho?”), cuenta con un elemento indispensable, protagonista de tantas obras literarias y de este artículo. ¡El detective!

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La que fue bautizada como la “Reina del crimen” destacó por su narrativa ágil e ingeniosa, sus diálogos naturales, la fiel ambientación victoriana y su imaginación para crear tramas y personajes. Que títulos como “Diez negritos”, “Asesinato en el Orient Express” o “Un cadáver en la biblioteca” hayan sido traducidos a más de 45 idiomas se debe al talento de su autora pero también a la devoción que generan sus protagonistas: Miss Marple y Hércules Poirot, dos de los detectives de ficción más famosos, protagonistas de más de 70 relatos cortos y 55 novelas de Agatha Christie entre los dos.

Jane Marple, anciana de pelo blanco, ojos azules y algo cotilla, ha aprendido sobre la psique humana observando en St. Mary Mead (su pueblo natal) vidas ajenas, aburrida de la suya propia. Son sus vivencias las que forman su “base de datos de motivación humana”, punto de partida para establecer extraordinarias analogías con los crímenes ocurridos en la casa de campo, el hotel o balneario que esté visitando y poder así descubrir al culpable. Ama su jardín, teje mucho y observa aves con sus prismáticos. O quizá esté disimulando en su mecedora mientras reflexiona sobre un caso. Pasa desapercibida por los criminales, lo cual se convierte en ventaja. Y aunque carece de método, tiene un gran olfato para percibir la maldad en la naturaleza humana. Siempre espera lo peor de la gente y de las situaciones, y casi siempre acierta. “Nunca nada es lo que aparenta ser”, afirma. Cierto es que su perfil detectivesco es mucho menos profesional que el de Poirot, pero gracias a sus características tan entrañables, el lector empatiza más con ella.

En contrapunto se halla el afamado Hércules Poirot. Vanidoso, egocéntrico y muy solicitado para investigar los casos más complejos, pues posee una amplia experiencia en el mundo criminal al ser ex policía belga así como unas “células grises” asombrosas. Aplica un método totalmente distinto al seguido por la policía, ya que desprecia las pistas que parecen claras y busca entre los detalles más insignificantes, pues son pruebas más susceptibles de ser olvidadas “por descuido”. De apariencia impoluta y sumamente cortés, habla intercalando frases en francés. Bajito, regordete y con bigote peculiar, tiene obsesión por el orden, la simetría y coherencia, su bombín, el método y la lógica. En la historia, los hechos deben encajar y ser corroborados por dos personas como mínimo, porque una puede mentir. Siempre busca la explicación más sencilla porque es la más probable.

Al igual que Miss Marple, Poirot no desvela sus sospechas ni certezas hasta el final del libro. Es así como la autora consigue un sorprendente golpe de efecto en el lector, sirviéndose además del detective para que, con la excusa de su investigación, haga las veces de narrador, campando a sus anchas por la novela, sin necesidad de contar todo cuanto averigua o deduce, ya que los únicos que deben conocer desde el principio la totalidad de la historia son el asesino y la escritora.

A medida que avanzan las páginas, el lector vive la trama de la novela (pistas, interrogatorios, nuevos hechos) a través de los ojos del detective. Pero la narración no es lineal ni está completa, porque de otra forma sería demasiado obvia y el lector perdería el interés al carecer de misterio. Los hechos se relatan en un orden alterado (no cronológico), e incluso a veces se ocultan o alteran para generar falsas pistas y aumentar así la intriga hasta llegar al esperado desenlace, donde la conclusión del detective no puede deberse a un accidente o una casualidad. De otra forma, el lector se sentiría engañado o defraudado. Por ello, es necesario que perciba una línea de coherencia y que todo detalle descrito esté perfectamente atado y relacionado con el siguiente.

Si bien es cierto que ambos detectives son muy diferentes, Agatha Christie consiguió crear un estilo propio. La fórmula “Poirple” (mezcla de los apellidos Poirot y Marple) se resume en unos personajes algo maniáticos, de gustos exquisitos o hobbies raros, con gran capacidad intelectual, psicología y agilidad mental, sin otro interés en el crimen que el meramente intelectual. De mediana edad, solteros y sin “equipaje emocional-familiar” (lo que les ayuda a centrarse en la resolución de los crímenes) son expertos en tomar la “huella psicológica” a los sospechosos mediante el uso del conocimiento de la conducta humana que ambos tienen, perfilando su personalidad gracias a la observación y elaborando hipótesis basándose en el análisis deductivo de sus confesiones. Así es como investigan. Así es como destapan al culpable. Y así como siempre logran la solución.

Pero si el trabajo del detective no es fácil, el de la autora menos aún. El manejo de la técnica literaria en el Whodunit y la combinación de todos estos elementos narrativos, requieren de un gran talento y un trabajo magistral como el de Agatha Christie. Al igual que ocurre en sus novelas y relatos, que millones de lectores de todo el mundo seamos fans del efecto “Poirple” tampoco es accidente ni casualidad.

Por Tery Logan

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